miércoles, 23 de julio de 2025

Trasnmongolian V: Gobi Desert

No nos podiamos ir de Mongolia sin pasar un par de dias por el desierto. Realmente el desierto del Gobi se extiende kilométricamente por todo el norte de China y el sur de Mongolia y es uno de los más grandes del mundo, siendo el mayor de Asia. El hostal nos preparó una excursión de dos dias con una guía espectacular llamada Ganha e incluso la dueña del hostal Mama, que aún siendo octogenaria, aún le gustaba viajar con los turistas de vez en cuando.

Nos recogió una pick-up y empezamos un viaje de 6 horas hacia el oeste (fue la primera vez en el viaje, que volvíamos "hacia atrás") para ver como la basta estepa nos hacía pequeños. Existen carreteras, que simplemente sirven de guía para orientarse, ya que la mitad del tiempo atravesamos dunas, pueblos y arena sin ningún tipo de camino. Todo el pais, exceptuando la capital de Ulaa-Baatar, consiste en asentamientos de nómadas que se encargan del pastoreo y del ganado y que viven en las denominadas yurtas (en ruso) o ger (en mongol), unas tiendas circulares con estufa en el medio para combatir el frio y cocinar.

Seguíamos atravesando el Mini-Gobi, que era la parte del Desierto más cercana y accesible desde la ciudad y nos hartamos de ver cabras, vacas, caballos y camellos, muchos de ellos totalmente salvajes.

Hicimos varias paradas para comer y tomar té, a la vez que nuestra guía nos explicaba mucho sobre su cultura nómada. Visitamos el pueblo donde nació el primer cosmonauta mongol en colaboración con los soviéticos y compramos un cordero para cocinarlo junto a una familia local que nos acogería por la noche.

Llegamos a un pequeño asentamiento de 3 ger, donde una familia nómada nos recibía con los brazos abiertos y nos dejaba una de las yurtas para dormir. Era un matrimonio con tres hijos, dos de los cuales ya vivían en la ciudad y el menor de ellos, solo pasaba los fines de semana con ellos, ya que estaba interno en una escuela durante la semana. Su modo de vida es el pastoreo y la venta de productos que sacan de sus animales, y en cierto modo, algún donativo que les hace algún turista como nosotros. Nos cocinaron un cordero con una técnica antigua de piedras calientes, sin necesidad de fuego, toda una experiencia.



Hicimos un pequeño hike por las montañas aledañas y visitamos las ruinas de un templo antiquísimo, que fue destruido por los comunistas. La noche en la yurta no fue de lo más placentera, ya que la familia por miedo a que pasáramos frio, nos puso demasiada lumbre y el calor y el humo eran insoportables. Pero asi nos obligaron a salir a tomar el fresco de vez en cuando y observar el cielo estrellado que poco dejan ver ya las ciudades.




Por la mañana visitamos a unos familiares suyos en unas yurtas a pocos kilómetros y jugamos un poco con los cabritillos, que hicieron que nuestra ropa oliera realmente mal. Acampamos en medio de la estepa para comer algo que preparó amablemente Mama y nos dejaron en nuestro último punto mongol, que sería el aeropuerto. Muchas gracias Mongolia por habernos tratado tan bien, era hora, entonces, de poner rumbo a China...


martes, 22 de julio de 2025

Transmongolian IV: Ulaan-Baatar

Nuestra llegada a la capital de Mongolia fue algo peculiar. Tras experimentar el tremendo caos de tráfico que se vive en la ciudad, que consiste en una gran avenida con calles paralelas a ella, un taxista sordo mudo nos dejó en el hostal que habíamos reservado via internet. Nos fue bastante complicado dar con el sitio por encontrarse en un edificio sin mucha luz y sin ningún cartel. Tras insistir varias veces a la puerta, una mujer nos abrió y declaraba ser una huésped pero que nos ayudaría con el check-in. Fueron 10-15 minutos de un monólogo surrealista diciendo que era una expresidiaria, monja, estadounidense de origen filipino y que llevaba sin poder salir del pais años. Era la única persona en el citado hostal por lo que la confianza del sitio quedó en entredicho, decidiendo finalmente irnos.

Caminando un poco y preguntando a los viandantes, dimos con el Golden Gobi Hostel, donde estuvimos unos dias de maravilla con una anciana como anfitriona que se hacía llamar Mama.

Nuestra primera misión en la ciudad fue buscar billetes para el último tramo de tren hasta Pekín, descubriendo que la línea férrea pasaba solo dos veces a la semana y no estaba tampoco muy claro. Dimos mil vueltas a las opciones, y aunque le quitaba un poco la esencia del viaje, decidimos comprar un vuelo desde Ulaan-Baatar hasta Pekín para los próximos dias.

No perdimos ni un momento más para empezar a descubrir los puntos de más interés, reservando un pequeño tour con el propio hostel, donde un conductor nos llevaría todo el dia de un lado para otro. La primera parada fue el Zaisan Monument, un monumento soviético muy icónico que rememora la II Guerra Mundial en lo alto de un mirador donde se ve toda la ciudad. Tengo que decir que como amante de la arquitectura soviética, este sitio impresionaba.


Dejamos atrás el bullicio de la ciudad para adentrarnos en el Terelj National Park, ya dentro de la estepa, con unas laderas y unas formaciones rocosas muy bestias. Lo más conocido de allí es la Turtle Rock, una gigantesca roca en teoría con forma de tortuga. 

Después el conductor nos llevó a un templo budista de meditación llamado Aryapala, situado en lo alto de una cima, accediendo por una interminable escalera de piedra. Cabe recordar que Mongolia es un país predominantemente budista, aunque existen variantes muy presentes como el chamanismo mongol.

Tras ello, fuimos a visitar un sitio bizarrisimo, la estatua con caballo más alta del mundo, que se encuentra en medio de la nada en la estepa mongola a unos 20 km de la ciudad. Se trata del monumento de Genghis Khan, una basta estructura de 40 metros de alto de acero inoxidable, la cual se puede visitar por dentro e incluso subir hasta la cabeza del caballo. Una vez más, el pais nos dejaba con la boca abierta.





Salimos por la noche ulanbatoreña (si es que se puede decir asi), notando cierto recelo al occidental en las calles y en los bares, sobre todo cuando llevan alguna copa de más. El estruendo de la musica del Choco en su planta 11 de un edificio de oficinas fue  verificado y buenos bailes que nos echamos allí.

Pasamos otro dia de tranquis por la capital, viendo algún templo más y probando la comida local. De casualidad encontramos un bar de tapas español, regentado por un mongol amante de nuestra gastronomía con un perfecto castellano con acento vasco, tras vivir dos décadas en Donosti. Grande el Restaurante Torres con sus croquetas y albóndigas!

El tercer dia por Mongolia se nos unió una chica alemana del hostal la cual había estado de voluntaria por las llanuras del Gobi. Visitamos el Museo Nacional de Genghis Khan y tuvimos la suerte de poder ver un torneo de Lucha Mongola en un estadio. La verdad que era dificil entender las reglas, pero lo observamos de manera muy curiosa e incluso comimos por alli.





Mongolia nos regalaría nuestra segunda nevada del viaje (tras la de Moscú) en pleno mes de mayo. Hay que recordar que Ulaan-Baatar está considerada la capital de pais más fria del planeta.

El viaje por el pais asiático continuaría de una manera muy especial, pero que relataré en el siguiente post.


viernes, 4 de julio de 2025

Transmongolian III: Ulan-Ude

Al otro lado del Baikal, todavía más al Este y tras otras 7 horas de tren, llegaríamos a Ulan-Ude. Volvimos a coger el tren Rossiya (el número 2) de nuevo en platskart bordeando el largo por su parte sur y cruzando hasta la República de Buriatia, una parte budista de Rusia, donde la etnia local ya era completamente mongol-oriental.

Llegamos esta vez a un hotel muy cercano a la estación de tren donde nos dejaron hacer un early check-in y desayunar por unos rublos de más y así poder aprovechar al máximo el tiempo por la zona. La República de Buriatia es una de las 3 repúblicas budistas dentro de territorio ruso y su capital Ulan-Ude estuvo prohibida a los extranjeros hasta 1991, por lo que la hace más exótica y más remota si cabe. El día se compondría de visitas a templos budistas por supuesto, donde nuestra primera parada fue el Complejo de Ivolginsky Datsan, el templo más antiguo y el único que no fue destruido durante la Unión Soviética.



Es un sitio especial donde parece que estuvieras más bien en Nepal o el Tíbet, ya sea por el paisaje, los templos y los monjes budistas que te sonríen al pasar.

Más tarde pudimos ver toda la ciudad desde un viewpoint en los alto de una colina donde está el templo de Rimpoche-Bagsha Datsan.


El centro de la ciudad tiene un contraste muy raro, entre comunismo soviético y oriental budista y tiene unas largas avenidas llenas de comercios donde el viento frio quema la cara. En la plaza central se encuentra un monumento muy curioso, la estatua de la cabeza de Lenin más grande del mundo, un busto de más de 14 metros que impone respeto.



Destinamos gran parte de la mañana también a gestionar nuestro siguiente paso, siendo el más delicado de todos, por cruzar frontera. Desde antes de iniciar la ruta transiberiana, tuvimos claro que el siguiente tramo debería ser en autobús, o en las llamadas matrioskas, dado que suponía menos de la mitad de horas de viaje y leímos que el paso fronterizo era más sencillo. Por tanto reservamos el autobús y seguimos nuestra visita por Ulan Ude, aunque por la noche no encontramos nada para tomar algo animado.

Habíamos recorrido 5640km en tren, en la ruta transiberiana, pero fue el momento de cambiar de transporte, yendo en autobús junto al equipo nacional ruso de depilación que competiría en Mongolia los dias posteriores. La frontera a pie fue de lo más rápido y sencillo, no sin interesarse las autoridades rusas por mi sello ucraniano en el pasaporte de hace unos años, que no fue  mucho más allá de "tourism, tourism".

Y tras más estepa siberiana y desierto, empezamos a ver las tiendas nómadas denominadas yurtas, y a sentir el viento más gélido, adentrándonos en uno de los paises más desconocidos hasta el momento, Mongolia. Pero todo esto lo contaré en el siguiente post.