viernes, 19 de junio de 2026

Madeira II

Nuestras andaduras por la isla maderense seguían su rumbo, y continuamos haciendo más rutas. La siguiente fue la PR-7 Levada do Moinho, que nos llevo unas 3 horas. Espectacular, quizás mi preferida, con un enclave paradisiaco entre acantilados, vegetación e incluso cascadas.



Por la tarde nos daría tiempo a ver el museo de la banana, la fruta más típica de la isla, viendo unas grandes plantaciones del árbol, que curiosamente, solo da el fruto una sola vez en su vida. La cerveza y los bizcochos de banana también tuvieron que ser degustados :)


El dia siguiente, llegaría uno de los momentos más esperados, sobre todo por Marianne. Fuimos a uno de los puntos más altos de la isla, el Pico de Areiro (PR-1), con sus 1800 m de altitud. A decir verdad, es la zona o ruta más masificada de turismo, lo que quita un poco el encanto a la inmensidad de las montañas y el impresionante camino que transcurre por sus cimas. Estuvimos poco más de 2 horas, ya que la mitad del sendero estaba cerrado por restauración, pero pudimos ver un paisaje de alta montaña idílico.



Nos supo a poco la ruta de ese dia, por lo que fuimos a hacer otra, en este caso, Corral das Freiras. Esta otra ruta, quizás menos planeada en el viaje, nos sorprendió muchisimo, por lo bonita que era y por lo dura que era también. La PR-2 la hicimos en 3 horas y media, siendo una pendiente abruptísima y un desnivel exigente. También una de mis preferidas.




Terminaríamos el día bajando a la costa a la zona de Sao Martinho para ver el túnel formado en las propias rocas de los acantilados y que ahora sirve de pasarela para acceder a un famoso restaurante.

Los dias continuaban y las visitas no cesaban. Fuimos a ver Porto Moniz, donde están las peculiares piscinas naturales que invitarían al baño si no fuera por el frio y el viento que nos hizo ese dia. De hecho, nos cayó una buena tormenta tropical que en menos de 1 minuto nos empapó de arriba a abajo.

Pero esa misma lluvia y humedad harían que la siguiente parada en el Fanal Forest fuera el escenario perfecto. Se trata de un bosque centenario de árboles tilos que es famoso por su misticismo y su peculiar niebla. Un sitio alucinante y todo un reto para el calzado que acabó lleno de barro y lodo.


 

El dia mejoró por momentos y nos permitió hacer otra ruta, la PR-6, Levada de 25 Fontes, también una pasada de caminata.




El penúltimo dia lo aprovechamos para descansar las piernas y pasamos la mañana por la zona costera de la Calheta. Espontáneamente decidimos unirnos a una excursión de avistamiento de ballenas, que fue toda una experiencia. Vimos una ballena y muchos delfines, pero a costa de unos buenos mareitos en el barco.


Tuvimos que descansar la cabeza echándonos una buena siesta sobre los acantilados de Paul do Mar y acabamos el dia visitando el único Pub de nuestros alrededores donde cenamos y bebimos de maravilla.

El último dia, incluso dejando el bonito alojamiento que nos había acogido durante toda la semana, decidimos hacer la última ruta. La PR-19 (Caminho Real do Paul do Mar) fue una bajada espectacular hasta el pueblo con su mismo nombre y una subida medio agónica por el mismo camino. En menos de 2 km bajas desde los 700 m de altitud hasta el nivel del mar, viendo como un paisaje casi jurásico va acompañándote todo el camino con sus montañas y cascadas. En el pueblo costero hicimos una pausa para comernos unos buenos dulces y beber un buen café antes de la subida. Otra de mis preferidas, sin duda.



No podiamos irnos de Madeira sin probar uno de sus platos más conocidos, el filete de pez espada con banana. Comimos con la calma en un lugar cercano ya al aeropuerto pero con unas vistas espectaculares. El plato en cuestión es toda una delicia, a mi me encantó.

Dejamos Madeira para hacer una pequeña parada para dormir en Oporto y terminar el viaje. La valoración final de la isla es de 10/10 y un sitio donde me encantaría volver porque ha sido una experiencia brutal.

Llegaría a Torrevieja....y en menos de 19 horas me estaba montando en otro avión....si si, empalmé unas vacaciones con otras. Lo desvelo en el siguiente post. Empieza el veranooooo Goo!

miércoles, 10 de junio de 2026

Oporto, Madeira I

Han pasado varios meses desde la última entrada del blog, pero es que a decir verdad, el siguiente viaje ha sido algo más espaciado de lo normal. No obstante, seguimos con objetivos que ya rondaban mi cabeza desde hace años y que poco a poco van coloreando ese mapa mundial. Coincidiendo en destinos deseados, a Marianne le encantaba la idea, por lo que el consenso y la decisión fueron bastante rápidos.

Esta vez, aunque pais visitado ya en varias ocasiones, elegiríamos Portugal, pero no la zona continental, sino un rincón exótico y paradisiaco en medio del Océano Atlántico llamado Madeira.

Para ello, haríamos una parada técnica en Oporto, ciudad que también tenía ganas de visitar, y que la escala de avión nos ofreció la oportunidad de patearlo aunque fuera por tan solo un dia. Nos alojamos en un hotel cercano al aeropuerto para tenerlo más a mano y dejamos las mochilas en él mientras visitábamos las incesantes cuestas que tiene la ciudad portuguesa. Caminamos por el centro histórico, a orilla del rio Duoro, nos montamos en el teleférico para cruzar el famoso puente de Luis por la parte superior y acabamos comiendo tapas en el mercado central. Desde la propia Catedral cogeríamos un Uber de vuelta al aeropuerto para terminar el dia aterrizando en la isla de Madeira.




Aterrizamos en el Aeropuerto Cristiano Ronaldo, sin duda la personalidad más famosa a nivel mundial que la isla a dado. Después de recoger el coche de alquiler, fuimos a lo que sería nuestro alojamiento para los 9 dias, la Casa Boho, una casita partida en 3 miniapartamentos decorada hasta el más mínimo detalle de una manera muy especial en la población de la Calheta, al suroeste de la isla.





Tras el descanso merecido de los viajes, empezaríamos con una de tantas rutas que haríamos, la PR-11 (1 h), Vereda Dos Balcoes. Desde 2026, el Gobierno ha impuesto una tasa para realizar las rutas y una reserva obligatoria a través de una web. Esto solo lo comprueban unos guardias forestales a horas muy transitadas para que no se formen atascos y que las rutas estén menos concurridas. Quizás esta ruta fue de las menos plácidas por el tiempo lluvioso y la niebla y la cantidad de gente que había.



Tras la pequeña caminata matutina, fuimos a visitar el pueblo de Santana, muy famoso por sus casas triangulares tradicionales y su paisaje tan pintoresco.


La ruta de por la mañana nos había sabido a poco, por lo que aún tuvimos ganas y tiempo de hacer otra, la PR-9 (2h la mitad), Levada do Caldeirao Verde. Espectacularmente frondosa y verde, decidimos dar media vuelta a mitad del camino para que no se nos echara la noche encima. 


El día siguiente haríamos un poco de turismo de ciudad, yendo a Funchal, la capital de la isla. A primera hora de la mañana, nuestra parada inicial sería el Cristo Rei, una estatua similar a la de Rio de Janeiro salvando las distancias y de un tamaño considerablemente menor. Hay unos cientos de escalones para llegar a un viewpoint más metido en el acantilado que merece al que merece la pena llegar.



Tras el entrenamiento de piernas de los escalones, fuimos al centro de la ciudad, donde no podíamos (no podía yo) perdernos el museo de CR7. No sé lo que esperaba de un museo de una leyenda viva, pero realmente es una sala con camisetas y varias estatuas de él, sin mucho más interés. Pero la foto con la estatua exterior y la ciudad de fondo es casi obligatoria.

El centro de la ciudad es muy agradable, muy limpio y tranquilo, destacando el paseo cercano a la costa que es bastante bonito. La ciudad, como toda la isla, fluye entre colinas, riscos y acantilados, por lo que las cuestas y las calles empinadas son lo más frecuente. Para llegar al norte de la ciudad, usaríamos el teleférico, que ofrece un viaje con unas vistas panorámicas espectaculares de todo Funchal.

Recorrimos el Botanic Garden, una manera también bastante buena de combatir el calor y estar entre las sombras de la vegetación. Y por último bajamos unos 2km y medio la colina con los tradicionales Carreiros, que son una especie de trineos de madera empujados por dos hombres y que se van deslizando por el asfalto de las calles cuesta abajo.



Tengo varias rutas que contar aún y otro viaje pendiente, pero lo relataré en el siguiente post. Ser buenos ;)