miércoles, 10 de junio de 2026

Oporto, Madeira I

Han pasado varios meses desde la última entrada del blog, pero es que a decir verdad, el siguiente viaje ha sido algo más espaciado de lo normal. No obstante, seguimos con objetivos que ya rondaban mi cabeza desde hace años y que poco a poco van coloreando ese mapa mundial. Coincidiendo en destinos deseados, a Marianne le encantaba la idea, por lo que el consenso y la decisión fueron bastante rápidos.

Esta vez, aunque pais visitado ya en varias ocasiones, elegiríamos Portugal, pero no la zona continental, sino un rincón exótico y paradisiaco en medio del Océano Atlántico llamado Madeira.

Para ello, haríamos una parada técnica en Oporto, ciudad que también tenía ganas de visitar, y que la escala de avión nos ofreció la oportunidad de patearlo aunque fuera por tan solo un dia. Nos alojamos en un hotel cercano al aeropuerto para tenerlo más a mano y dejamos las mochilas en él mientras visitábamos las incesantes cuestas que tiene la ciudad portuguesa. Caminamos por el centro histórico, a orilla del rio Duoro, nos montamos en el teleférico para cruzar el famoso puente de Luis por la parte superior y acabamos comiendo tapas en el mercado central. Desde la propia Catedral cogeríamos un Uber de vuelta al aeropuerto para terminar el dia aterrizando en la isla de Madeira.




Aterrizamos en el Aeropuerto Cristiano Ronaldo, sin duda la personalidad más famosa a nivel mundial que la isla a dado. Después de recoger el coche de alquiler, fuimos a lo que sería nuestro alojamiento para los 9 dias, la Casa Boho, una casita partida en 3 miniapartamentos decorada hasta el más mínimo detalle de una manera muy especial en la población de la Calheta, al suroeste de la isla.





Tras el descanso merecido de los viajes, empezaríamos con una de tantas rutas que haríamos, la PR-11 (1 h), Vereda Dos Balcoes. Desde 2026, el Gobierno ha impuesto una tasa para realizar las rutas y una reserva obligatoria a través de una web. Esto solo lo comprueban unos guardias forestales a horas muy transitadas para que no se formen atascos y que las rutas estén menos concurridas. Quizás esta ruta fue de las menos plácidas por el tiempo lluvioso y la niebla y la cantidad de gente que había.



Tras la pequeña caminata matutina, fuimos a visitar el pueblo de Santana, muy famoso por sus casas triangulares tradicionales y su paisaje tan pintoresco.


La ruta de por la mañana nos había sabido a poco, por lo que aún tuvimos ganas y tiempo de hacer otra, la PR-9 (2h la mitad), Levada do Caldeirao Verde. Espectacularmente frondosa y verde, decidimos dar media vuelta a mitad del camino para que no se nos echara la noche encima. 


El día siguiente haríamos un poco de turismo de ciudad, yendo a Funchal, la capital de la isla. A primera hora de la mañana, nuestra parada inicial sería el Cristo Rei, una estatua similar a la de Rio de Janeiro salvando las distancias y de un tamaño considerablemente menor. Hay unos cientos de escalones para llegar a un viewpoint más metido en el acantilado que merece al que merece la pena llegar.



Tras el entrenamiento de piernas de los escalones, fuimos al centro de la ciudad, donde no podíamos (no podía yo) perdernos el museo de CR7. No sé lo que esperaba de un museo de una leyenda viva, pero realmente es una sala con camisetas y varias estatuas de él, sin mucho más interés. Pero la foto con la estatua exterior y la ciudad de fondo es casi obligatoria.

El centro de la ciudad es muy agradable, muy limpio y tranquilo, destacando el paseo cercano a la costa que es bastante bonito. La ciudad, como toda la isla, fluye entre colinas, riscos y acantilados, por lo que las cuestas y las calles empinadas son lo más frecuente. Para llegar al norte de la ciudad, usaríamos el teleférico, que ofrece un viaje con unas vistas panorámicas espectaculares de todo Funchal.

Recorrimos el Botanic Garden, una manera también bastante buena de combatir el calor y estar entre las sombras de la vegetación. Y por último bajamos unos 2km y medio la colina con los tradicionales Carreiros, que son una especie de trineos de madera empujados por dos hombres y que se van deslizando por el asfalto de las calles cuesta abajo.



Tengo varias rutas que contar aún y otro viaje pendiente, pero lo relataré en el siguiente post. Ser buenos ;)