La última parada de este grandioso viaje acababa en el gigante asiático, China, concretamente en su capital, Beijing. Se cumplía así el recorrido de los 7.621 km de Transiberiano, con los dos últimos trayectos realizados en bus y avión por temas logísticos. Quitándole el romanticismo al tema de no haberlos completado íntegramente en tren, estábamos felices igualmente por haberlo logrado sin ningún contratiempo.
Al llegar, el shock tecnológico fue bestial, ya que ahora mismo absolutamente todo se controla, se paga y se gestiona por una app llamada Alipay, con muy poca flexibilidad, ya que es imposible pagar con tarjetas de crédito físicas o con dinero en efectivo y con la complicación extra de necesitar una SIM para activar la dichosa app.
Tras mucho trasteo de VPN's, compra de tarjeta sim, y descargas de aplicaciones, fuimos capaces de activar al menos el móvil de mi hermano y el de Juanfran, no corriendo la misma suerte el mío.
El mismo dia de la llegada, nos dio tiempo a visitar el Palace of Heaven, sintiendo ya en nuestras propias carnes la densidad superpoblacional y la locura de los chinos por visitar zonas turísticas. Y también dimos una vuelta por el Jingshan Park, donde se puede subir a unos miradores que te da una pequeña idea de lo inmensa que es la ciudad.
Con el propio hostel, al dia siguiente, decidimos reservar un tour para visitar una de las maravillas del mundo, la Gran Muralla China. Y tras una horilla y media en un autobús, aparecimos en una zona arbolada donde podríamos caminar por una pequeña parte de la famosa fortificación. Los estudios certifican que la longitud del muro con todas sus ramificaciones mide más de 21.000 kilómetros, lo que lo hace una estructura única en el planeta tierra.
La variante que hicimos nosotros para visitarla fue coger un funicular hasta la Torre 14, caminar hasta la Torre 20, volver en nuestros pasos y caminar hasta la Torre 6 y bajar por un tobogán hasta la zona de reunión de nuevo. El calor apretó, pero hicimos una gran caminata en un paraje realmente espectacular.
La noche pekinesa tengo que decir que nos defraudó bastante, no teniendo zona de expats animada durante los dias de diario y solo encontrando la zona de karaokes con un ambiente bastante turbio y decadente.
Decidimos acabar el viaje por todo lo alto y pasar las últimas dos noches en hotelazo, el Howard and Johnson. Los dias se tornaron lluviosos aunque calurosos, pero pudimos visitar la zona de los Hu Tongs, que son calles super estrechas donde existen multitud de comercios diminutos y viviendas de pocos metros cuadrados. Visitamos también la Drum Tower, donde se supone que antiguamente median el tiempo con el sonido de los tambores y acabamos en un Spa, con otro palizón de masaje incluido.
El último día nos dio tiempo a ver la Tiananmen Square tras pasar varios filtros de seguridad, pero sin poder ver el mausoleo de Mao Tse Tung por no tener reserva (se debe de hacer con antelación de varias semanas e incluso meses). Y tras ello, fuimos a ver la joya de la corona, habiendo estado cerrado a los turistas durante décadas, la Forbidden City, un complejo de palacios y residencias aristócratas de la dinastía Qing.
Probamos la comida tradicional china como el pato pekín y nos recorrimos los mercados y centros comerciales llenos de falsificaciones y souvenirs a precios ridículos. Acabamos la noche en La Social, un bar latino que estaba algo más animado, pero sin ser el desfase esperado.
Y con esto decíamos adiós a uno de los viajes que sin duda marcará un antes y un después.
Los objetivos viajeros siguen su curso, y puedo decir que tras 18 años viajando, esto ha sido solo el calentamiento. En unos dias el norte de Europa me espera y ya hay cosas programadas para los meses siguientes.
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