jueves, 7 de agosto de 2025

Transmongolian VI: Beijing

La última parada de este grandioso viaje acababa en el gigante asiático, China, concretamente en su capital, Beijing. Se cumplía así el recorrido de los 7.621 km de Transiberiano, con los dos últimos trayectos realizados en bus y avión por temas logísticos. Quitándole el romanticismo al tema de no haberlos completado íntegramente en tren, estábamos felices igualmente por haberlo logrado sin ningún contratiempo.

Al llegar, el shock tecnológico fue bestial, ya que ahora mismo absolutamente todo se controla, se paga y se gestiona por una app llamada Alipay, con muy poca flexibilidad, ya que es imposible pagar con tarjetas de crédito físicas o con dinero en efectivo y con la complicación extra de necesitar una SIM para activar la dichosa app.

Tras mucho trasteo de VPN's, compra de tarjeta sim, y descargas de aplicaciones, fuimos capaces de activar al menos el móvil de mi hermano y el de Juanfran, no corriendo la misma suerte el mío. 

El mismo dia de la llegada, nos dio tiempo a visitar el Palace of Heaven, sintiendo ya en nuestras propias carnes la densidad superpoblacional y la locura de los chinos por visitar zonas turísticas. Y también dimos una vuelta por el Jingshan Park, donde se puede subir a unos miradores que te da una pequeña idea de lo inmensa que es la ciudad.


Con el propio hostel, al dia siguiente, decidimos reservar un tour para visitar una de las maravillas del mundo, la Gran Muralla China. Y tras una horilla y media en un autobús, aparecimos en una zona arbolada donde podríamos caminar por una pequeña parte de la famosa fortificación. Los estudios certifican que la longitud del muro con todas sus ramificaciones mide más de 21.000 kilómetros, lo que lo hace una estructura única en el planeta tierra.



La variante que hicimos nosotros para visitarla fue coger un funicular hasta la Torre 14, caminar hasta la Torre 20, volver en nuestros pasos y caminar hasta la Torre 6 y bajar por un tobogán hasta la zona de reunión de nuevo. El calor apretó, pero hicimos una gran caminata en un paraje realmente espectacular.

La noche pekinesa tengo que decir que nos defraudó bastante, no teniendo zona de expats animada durante los dias de diario y solo encontrando la zona de karaokes con un ambiente bastante turbio y decadente.

Decidimos acabar el viaje por todo lo alto y pasar las últimas dos noches en hotelazo, el Howard and Johnson. Los dias se tornaron lluviosos aunque calurosos, pero pudimos visitar la zona de los Hu Tongs, que son calles super estrechas donde existen multitud de comercios diminutos y viviendas de pocos metros cuadrados. Visitamos también la Drum Tower, donde se supone que antiguamente median el tiempo con el sonido de los tambores y acabamos en un Spa, con otro palizón de masaje incluido.

El último día nos dio tiempo a ver la Tiananmen Square tras pasar varios filtros de seguridad, pero sin poder ver el mausoleo de Mao Tse Tung por no tener reserva (se debe de hacer con antelación de varias semanas e incluso meses). Y tras ello, fuimos a ver la joya de la corona, habiendo estado cerrado a los turistas durante décadas, la Forbidden City, un complejo de palacios y residencias aristócratas de la dinastía Qing.




Probamos la comida tradicional china como el pato pekín y nos recorrimos los mercados y centros comerciales llenos de falsificaciones y souvenirs a precios ridículos. Acabamos la noche en La Social, un bar latino que estaba algo más animado, pero sin ser el desfase esperado.

Y con esto decíamos adiós a uno de los viajes que sin duda marcará un antes y un después. 

Los objetivos viajeros siguen su curso, y puedo decir que tras 18 años viajando, esto ha sido solo el calentamiento. En unos dias el norte de Europa me espera y ya hay cosas programadas para los meses siguientes.

miércoles, 23 de julio de 2025

Trasnmongolian V: Gobi Desert

No nos podiamos ir de Mongolia sin pasar un par de dias por el desierto. Realmente el desierto del Gobi se extiende kilométricamente por todo el norte de China y el sur de Mongolia y es uno de los más grandes del mundo, siendo el mayor de Asia. El hostal nos preparó una excursión de dos dias con una guía espectacular llamada Ganha e incluso la dueña del hostal Mama, que aún siendo octogenaria, aún le gustaba viajar con los turistas de vez en cuando.

Nos recogió una pick-up y empezamos un viaje de 6 horas hacia el oeste (fue la primera vez en el viaje, que volvíamos "hacia atrás") para ver como la basta estepa nos hacía pequeños. Existen carreteras, que simplemente sirven de guía para orientarse, ya que la mitad del tiempo atravesamos dunas, pueblos y arena sin ningún tipo de camino. Todo el pais, exceptuando la capital de Ulaa-Baatar, consiste en asentamientos de nómadas que se encargan del pastoreo y del ganado y que viven en las denominadas yurtas (en ruso) o ger (en mongol), unas tiendas circulares con estufa en el medio para combatir el frio y cocinar.

Seguíamos atravesando el Mini-Gobi, que era la parte del Desierto más cercana y accesible desde la ciudad y nos hartamos de ver cabras, vacas, caballos y camellos, muchos de ellos totalmente salvajes.

Hicimos varias paradas para comer y tomar té, a la vez que nuestra guía nos explicaba mucho sobre su cultura nómada. Visitamos el pueblo donde nació el primer cosmonauta mongol en colaboración con los soviéticos y compramos un cordero para cocinarlo junto a una familia local que nos acogería por la noche.

Llegamos a un pequeño asentamiento de 3 ger, donde una familia nómada nos recibía con los brazos abiertos y nos dejaba una de las yurtas para dormir. Era un matrimonio con tres hijos, dos de los cuales ya vivían en la ciudad y el menor de ellos, solo pasaba los fines de semana con ellos, ya que estaba interno en una escuela durante la semana. Su modo de vida es el pastoreo y la venta de productos que sacan de sus animales, y en cierto modo, algún donativo que les hace algún turista como nosotros. Nos cocinaron un cordero con una técnica antigua de piedras calientes, sin necesidad de fuego, toda una experiencia.



Hicimos un pequeño hike por las montañas aledañas y visitamos las ruinas de un templo antiquísimo, que fue destruido por los comunistas. La noche en la yurta no fue de lo más placentera, ya que la familia por miedo a que pasáramos frio, nos puso demasiada lumbre y el calor y el humo eran insoportables. Pero asi nos obligaron a salir a tomar el fresco de vez en cuando y observar el cielo estrellado que poco dejan ver ya las ciudades.




Por la mañana visitamos a unos familiares suyos en unas yurtas a pocos kilómetros y jugamos un poco con los cabritillos, que hicieron que nuestra ropa oliera realmente mal. Acampamos en medio de la estepa para comer algo que preparó amablemente Mama y nos dejaron en nuestro último punto mongol, que sería el aeropuerto. Muchas gracias Mongolia por habernos tratado tan bien, era hora, entonces, de poner rumbo a China...


martes, 22 de julio de 2025

Transmongolian IV: Ulaan-Baatar

Nuestra llegada a la capital de Mongolia fue algo peculiar. Tras experimentar el tremendo caos de tráfico que se vive en la ciudad, que consiste en una gran avenida con calles paralelas a ella, un taxista sordo mudo nos dejó en el hostal que habíamos reservado via internet. Nos fue bastante complicado dar con el sitio por encontrarse en un edificio sin mucha luz y sin ningún cartel. Tras insistir varias veces a la puerta, una mujer nos abrió y declaraba ser una huésped pero que nos ayudaría con el check-in. Fueron 10-15 minutos de un monólogo surrealista diciendo que era una expresidiaria, monja, estadounidense de origen filipino y que llevaba sin poder salir del pais años. Era la única persona en el citado hostal por lo que la confianza del sitio quedó en entredicho, decidiendo finalmente irnos.

Caminando un poco y preguntando a los viandantes, dimos con el Golden Gobi Hostel, donde estuvimos unos dias de maravilla con una anciana como anfitriona que se hacía llamar Mama.

Nuestra primera misión en la ciudad fue buscar billetes para el último tramo de tren hasta Pekín, descubriendo que la línea férrea pasaba solo dos veces a la semana y no estaba tampoco muy claro. Dimos mil vueltas a las opciones, y aunque le quitaba un poco la esencia del viaje, decidimos comprar un vuelo desde Ulaan-Baatar hasta Pekín para los próximos dias.

No perdimos ni un momento más para empezar a descubrir los puntos de más interés, reservando un pequeño tour con el propio hostel, donde un conductor nos llevaría todo el dia de un lado para otro. La primera parada fue el Zaisan Monument, un monumento soviético muy icónico que rememora la II Guerra Mundial en lo alto de un mirador donde se ve toda la ciudad. Tengo que decir que como amante de la arquitectura soviética, este sitio impresionaba.


Dejamos atrás el bullicio de la ciudad para adentrarnos en el Terelj National Park, ya dentro de la estepa, con unas laderas y unas formaciones rocosas muy bestias. Lo más conocido de allí es la Turtle Rock, una gigantesca roca en teoría con forma de tortuga. 

Después el conductor nos llevó a un templo budista de meditación llamado Aryapala, situado en lo alto de una cima, accediendo por una interminable escalera de piedra. Cabe recordar que Mongolia es un país predominantemente budista, aunque existen variantes muy presentes como el chamanismo mongol.

Tras ello, fuimos a visitar un sitio bizarrisimo, la estatua con caballo más alta del mundo, que se encuentra en medio de la nada en la estepa mongola a unos 20 km de la ciudad. Se trata del monumento de Genghis Khan, una basta estructura de 40 metros de alto de acero inoxidable, la cual se puede visitar por dentro e incluso subir hasta la cabeza del caballo. Una vez más, el pais nos dejaba con la boca abierta.





Salimos por la noche ulanbatoreña (si es que se puede decir asi), notando cierto recelo al occidental en las calles y en los bares, sobre todo cuando llevan alguna copa de más. El estruendo de la musica del Choco en su planta 11 de un edificio de oficinas fue  verificado y buenos bailes que nos echamos allí.

Pasamos otro dia de tranquis por la capital, viendo algún templo más y probando la comida local. De casualidad encontramos un bar de tapas español, regentado por un mongol amante de nuestra gastronomía con un perfecto castellano con acento vasco, tras vivir dos décadas en Donosti. Grande el Restaurante Torres con sus croquetas y albóndigas!

El tercer dia por Mongolia se nos unió una chica alemana del hostal la cual había estado de voluntaria por las llanuras del Gobi. Visitamos el Museo Nacional de Genghis Khan y tuvimos la suerte de poder ver un torneo de Lucha Mongola en un estadio. La verdad que era dificil entender las reglas, pero lo observamos de manera muy curiosa e incluso comimos por alli.





Mongolia nos regalaría nuestra segunda nevada del viaje (tras la de Moscú) en pleno mes de mayo. Hay que recordar que Ulaan-Baatar está considerada la capital de pais más fria del planeta.

El viaje por el pais asiático continuaría de una manera muy especial, pero que relataré en el siguiente post.